Valores Institucionales

 

En la Casa del Joven “Hna. María Agudelo, se ofrece formación y capacitación en valores, pues ellos son la clave de su existencia, ayudan a encontrar referentes para ahondar en el sentido de la vida y del mundo y a expresar coherentemente la identidad personal y colectiva.

 

En esta labor se parte de la convicción de que la formación en valores debe ser un contagio de actitudes vividas, es decir, no basta creer en determinados valores y proclamarlos con insistencia; el equipo de personas que orientan la Casa del Joven debe reflejar coherencia entre lo que se dice y se hace, único clima propicio para la formación y capacitación en este campo.


Hoy se privilegian, entre otros, estos valores fundamentales: 

El Amor.

 

Es sentimiento humano, don y donación, fruto de una profunda necesidad de ser uno con el otro, de ser uno con el todo, de ser todo con todos. Tiene diversas dimensiones, tales como la propia persona en la autoestima, la otra persona en la solidaridad y hermandad, lo trascendente en la contemplación y plenitud del ser, la naturaleza en la ecología y fraternidad cósmica.

 

El amor tiene también objetos que se hacen dignos de ser amados y que dignifican al ser humano o lo desvirtúan, si no están bien orientadas las relaciones. Los principales objetos amorosos son: el amor personal o propio que conduce a la identidad, el amor fraternal en la relación de hermandad y amistad, el amor erótico en la relación de pareja, el amor paternal - maternal en la relación padres e hijos, el amor filial en la relación hijo - hija con los padres, y el amor a la Divinidad, al Absoluto en la relación con lo Trascendente.

 

El amor debe cultivarse y concretizarse. Parte del presente o del aquí y ahora, pues no se puede amar ni el pasado ni el futuro. El amor es un permanente presente y quien lo vive a plenitud experimenta instantes de eternidad, por esto “Dios es amor” (I Juan 4, 8). También el amor exige aprender a transformar lo negativo en positivo y la hiel en miel; este ejercicio de cambio demandado por el amor implica paciencia, constancia, sacrificio y conocimiento personal, es decir, conocer sus limitaciones y posibilidades; así se llega a la madurez del amor. Además, el amor requiere compartir, dar; pero dar lo positivo para comunicar vida y felicidad, hasta llegar a dar la propia vida o gastar la vida a favor de los demás.

"No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos" (Juan 15, 13). El amor no se experimenta si no hay donación. Por último, el amor supone humildad, estar vacío de sí mismo, alejado de todo egoísmo, sintiendo urgencia del otro, para poder evidenciar que lo necesito porque lo amo y no que lo amo porque lo necesito.

 

El amor es valor original y fundante de todo grupo humano. Una Institución Educativa debe promoverlo, cultivarlo y protegerlo, pues es base fundamental de un mínimo ético como es la convivencia pacífica y de un máximo ético como es la fraternidad. Los talleres de  formación y capacitación en la Casa del Joven sólo alcanzarán el sentido de comunidad si son fraternos. La fraternidad no se enseña en textos y cátedras sino que fluye en la relación diaria. El amor fluye. Hermanos, si tal fue el amor de Dios, también nosotros debemos amarnos mutuamente.

  • En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera el temor».
  • “El que dice: Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama a su hermano, a quien ve?" (I Juan 4, 11. 18. 20).

La Honestidad.

 

Es un valor fundado en el respeto y la fidelidad y que se vivencia en actitudes de comportamiento individual y social. Es entereza de ánimo, rectitud en los actos, honradez consigo mismo y con los otros, respeto por la honra, buen nombre y bienes de los demás. Exige sinceridad en el actuar, fidelidad en las relaciones, dignidad en la concepción de la vida, decoro en el comportamiento y responsabilidad en las actividades encomendadas.

 

La expresión más reveladora de la honestidad es la fidelidad a la palabra dicha o escrita y con la cual la persona se compromete frente a la comunidad. La palabra comunica, descubre, acerca, soluciona, acuerda, promete, pacta y sella. La palabra exterioriza la interioridad personal, lo que se guarda en el corazón. Refrenda el compromiso adquirido, la promesa anunciada, la verdad proclamada, el acto ejecutado.

 

Toda persona para obtener credibilidad ante la comunidad debe ser honesta. La Casa del Joven “Hna. María Agudelo” inculca y afianza en todas las personas que la integran la transparencia de sus actos y la fidelidad a la palabra, así se afirma la honestidad.

 

  • "Aléjate de toda mentira, pues eso no conduce a nada bueno" (Eclesiástico 8, 13).

La Fe.

 

Es un rasgo de carácter, firmeza, convicción, seguridad, confianza en sí misma, en los demás y en lo trascendente.

La fe en sí misma se adquiere mediante un proceso que se va conociendo de tal forma, que se sabe de las propias capacidades y posibilidades, pero también de las dificultades y limitaciones. Esto es descubrir la propia identidad, adquirir autonomía, tener capacidad de elegir.

 

La fe en los demás surge de la propia identidad. Sólo conociéndose se tiene algunos puntos de referencia para acercarse y aceptar al otro. Puede así entender más fácilmente los procesos de desarrollo y formación, las dudas y alternativas, las capacidades y limitaciones del prójimo. Esto es respeto por la formación y facilita la convivencia humana.

 

 La fe en la trascendencia es el resultado de la interioridad personal y de la convivencia con los demás. Es reconocimiento limitado frente al ilimitado número de posibilidades que se  presenten, es verse inacabado frente a la perfección, es saberse ignorante y sometido frente a la suma verdad y libertad total. Nace así, en la  intimidad, la convicción de que existe otra posibilidad donde se experimenta la plenitud del ser. Esta vivencia es la que permite saborear desde aquí, un más allá, otro nuevo horizonte. Cada pueblo ha interpretado este sentimiento de fe en lo trascendente de diversas maneras, pero con un mismo fin. Surgen las diferentes concepciones religiosas como el budismo, el brahmanismo, el islamismo, el cristianismo y otras.

 

El cristianismo anuncia que esta plenitud anhelada por el ser humano se logra desde aquí en la construcción del Proyecto de Dios y se disfrutará en plenitud allá, en la convivencia definitiva con Aquel que es persona y amor. La fe en Dios pasa por la fe en sí mismo y en el hermano. La fe, para que sea viva, exige desprendimiento, disponibilidad y entrega; debe concretizarse en obras de solidaridad, especialmente con los marginados y excluidos, de no ser así es una fe muerta.

 

  • "Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva"[1].
  •  " La fe si no se demuestra por la manera de actuar, está completamente muerta" (Santiago 2, 17).
  •  “Fe que fructifica en obras de justicia” (Compañía de María).

La Responsabilidad.

 

El ser humano en la medida que se desarrolla en el ambiente familiar y social, comienza a responder por determinadas tareas que debe asumir dentro de su rol, o que se le asignan según su edad y capacidad. Esta actitud de responder por una función, tarea o compromiso, forma el valor de la responsabilidad. Comienza, pues, la responsabilidad a formarse en la familia y se va afianzando en el ámbito escolar y social. La persona responsable ejercita, a su vez, otras virtudes que le permiten crecer integralmente tales como: El orden o planeación de actividades, la voluntad de ejecutarlas, la constancia en realizarlas, la estética o belleza para presentarlas, la puntualidad para entregarlas, la disponibilidad para compartirlas, la humildad para recibir las sugerencias y mejorarlas, y la firmeza de ánimo y carácter para responder cada vez mejor.

 

La familia, donde los mayores dan ejemplo de responsabilidad y la fomentan, controla y confronta este valor en los menores, ofrece la posibilidad de formarlos en un valor que es definitivo en la vida escolar y social. Los menores necesitan de responsabilidades para que adquieran seguridad en la ejecución, gocen con el trabajo concluido y asuman el fracaso cuando no alcancen a realizar la tarea según las condiciones establecidas.

 

En la Casa del Joven “Hna. María Agudelo” se forma la responsabilidad cuando los integrantes del Programa se apropian de este Proyecto y de manera especial del Manual de Convivencia y del Manual de funciones. Así, el conjunto de principios, fundamentos, valores y normas adquieren el sentido de mediadores para la formación y desarrollo integral de los y las jóvenes.

 

  • "El ejercicio de las libertades y derechos reconocidos en esta Constitución implica responsabilidades".
  • "Cualquier cosa que hagas, hijo, hazla con discreción, y te amaran los amigos de Dios. No quieras saber lo que sobrepasa tus fuerzas, ni investigues lo que supera tu capacidad" (Eclesiástico 3, 17. 21).
  • "El sabio reconoce los tiempos y los criterios. Es verdad que hay para cada cosa un tiempo y un criterio" (Eclesiastés 8, 6).

La Solidaridad.

 

El hombre y la mujer habitan en un mundo en el cual no pueden desenvolverse solos. Hombre y mujer han descubierto desde sus orígenes el llamado a convivir como pareja, y a su vez, la pareja humana está llamada a compartir con otras personas. Somos seres sociales. La realidad humana tiene un sin número de potencialidades, siendo ésta la faceta de fortaleza, y a su vez, tiene dificultades, siendo ésta la faceta de fragilidad. En uno y otro caso, el ser humano busca la cooperación de los demás para poder realizar sus sueños y levantarse de sus fracasos.

 

Solidaridad es el encuentro con el otro para compartir y caminar juntos en búsqueda de ideales y actividades comunes. Solidaridad es hacer presencia en el diario acontecer de los demás y demanda el ejercicio de otras virtudes como la generosidad, la tolerancia, el respeto y la abnegación. Se es solidario en todo momento del quehacer humano, pero, muy especialmente, se necesita ser solidario en aquellos momentos donde se experimenta con mayor intensidad la carencia, la soledad, la enfermedad, el fracaso y la impotencia de desempeñarse con suficiencia. Aquí se descubre con plenitud el genuino sentido de la compañía del otro como ser solidario.

 

La solidaridad no es compadecer, la compasión es un primer sentimiento de la solidaridad, que mueve al acompañamiento, pero que implica ir más allá, es decir,  hacer presencia con el otro. Es «estar con el otro».

 

  • "Son deberes de la persona y del ciudadano: Obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas"[1].
  • " Si a un hermano o a una hermana les falta la ropa y el pan de cada día, y uno de ustedes les dice: Que les vaya bien; que no sientan frío ni hambre, sin darles lo que necesitan, ¿de qué les sirve?" (Santiago 2, 15-16).
  • “La Casa del Joven debe constituirse en escuela de solidaridad” (Hna. María Agudelo).