PRINCIPIOS

 

La identificación y puesta en práctica de los Principios, que a continuación se exponen, es lo que agrega valor a las actuaciones individuales de la comunidad educativa de la Casa del Joven “Hna. María Agudelo”, lo cual se ve reflejado en las relaciones humanas y en el desempeño ético de los responsables de la formación.


Estos principios son: 

 La Vida

 

Es el primer principio y fundamental derecho de todo ser humano. La Casa del Joven la asume, estimula, respeta, protege y defiende en todas sus manifestaciones, especialmente la humana.

 

Como programa de formación y capacitación considera la vida humana como un proceso biológico que se inicia en la concepción y termina en la muerte.

 

Durante este tiempo el ser humano debe crecer cumpliendo las leyes en su ciclo vital y formando parte de manera responsable y comprometida del grupo social, cultural e histórico en el cual le ha correspondido desarrollarse. Para ello debe estar en permanente actitud de formación, la cual se inicia en el hogar: «escuela doméstica», se complementa y afianza en la «escuela de formación y capacitación», y se refuerza y practica en la sociedad: «escuela social».

 

La Casa del Joven, como programa de formación y capacitación católica, considera la vida humana como un regalo de Dios dada a través del amor de papá y mamá. Vida que comienza en la concepción, se concretiza en el proyecto de vida impulsado por los padres como primeros formadores y evangelizadores, se nutre y fortalece en la formación y capacitación, se socializa en el trabajo y actividad ciudadana, fructifica en el amor y se plenifica con el paso o «Pascua» hacia el encuentro con el Dios de la Vida.

 

La propuesta de formación y capacitación,  es formar personas «desde» y «para» la vida, creando condiciones que la fortalezcan y la promuevan. Toda persona está en proceso de formación y en búsqueda de criterios que le permitan comprender qué significa ser co-creadora de la vida con Dios, protectora de la vida biológica, constructora de la vida social, formadora de la vida cultural y testigo de la vida de fe. Este período es una etapa de desarrollo «en» la vida, que fortalece y prepara «para» la vida.

 

Estamos convencidos que debemos afianzar en las familias y en todas las personas de la Casa del Joven una concepción cristiana que valore: el cuerpo, como fuente y santuario de la vida, sin provocar el aborto; a los demás, como prójimos y hermanos en relación de respeto y servicio, sin establecer discriminación; a los niños y niñas como proyecto y futuro de la humanidad; a los ancianos como merecedores de consideración y aprecio, depositarios de la historia y sabiduría del pueblo, sin menospreciar su presencia; a la naturaleza como sustentadora de toda la vida vegetal y animal que debemos conservar, proteger y utilizar en forma adecuada, sin destruirla; a Dios como creador y dinamizador del universo y de la historia, sin crear otros dioses o ídolos.

  • "El derecho a la vida es inviolable, no habrá pena de muerte"
  • "Vine para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Juan 10, 10).

La Persona Humana.

 

Es la razón de ser de la Casa del Joven, es el principio social y fin educativo. Todo el que emprende el proceso de formación y capacitación, es valioso por el hecho de ser persona y debe ser tratado con respeto sin establecer diferencias de edad, género, raza, ocupación, nacionalidad, lengua, posición económica, credo, filiación política o concepción filosófica.

 

La persona se forma en un proceso permanente desde el hogar, que aporta elementos para constituir las características individuales que definen a cada ser. La individualidad, singularidad y autonomía la identifican y muestran ritmos, desarrollos y crecimientos que manifiestan las calidades de cada ser humano. La persona es valiosa en todas sus dimensiones y desde la fe se considera «templo vivo del Espíritu Santo». Se evitará que ella sea manipulada, utilizada como medio y considerada como objeto de consumo o mercadeo.

 

Las relaciones personales merecen un trato especial donde se tenga en cuenta la dignidad del ser humano y se le muestre aprecio a través de hechos tan sencillos pero tan significativos como: saludar, solicitar un favor, dar las gracias, presentar disculpas, ofrecer explicaciones, recibir en actitud correcta a todas las personas. Todo lo que contribuya a humanizar a la persona, es una actividad formadora y hace más amable la vida.

 

  • "Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica".
  • "Y le dijo: El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado" (Marcos 2, 27).

La Familia.

 

Es la primera célula de la sociedad donde se forma una ética civil, según los comportamientos ciudadanos de los mayores. Es el núcleo fontanal que forma a los niños y niñas, siembra y prioriza valores, forja relaciones interpersonales, establece una red de comunicaciones que va constituyendo el primer tejido social, potencia las capacidades y habilidades personales, define la autoestima y la personalidad, perfila e individualiza la afectividad, moldea la conciencia personal y social, estructura corrientes de opinión y crea una visión del mundo.

 

La familia cristiana es «Iglesia Doméstica» y primera comunidad evangelizadora, que no obstante los problemas que asedian al matrimonio y a la institución familiar, continúa siendo la pequeña comunidad que ofrece la mayor cantidad de posibilidades para una realización completa e integral de la pareja, de los hijos e hijas. La familia como célula primera y vital, puede generar grandes energías.

 

Recogemos el pensamiento de los Obispos latinoamericanos que en las conclusiones de Santo Domingo dicen:

 

  • La misión de la familia es vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas que se caracteriza por la unidad y la indisolubilidad. La familia es el lugar privilegiado para la realización personal junto con los seres amados. 
  • Ser «como el santuario de la vida», servidora de la vida, ya que el derecho a la vida es la base de todos los derechos humanos. Este servicio no se reduce a la sola procreación, sino que es ayuda eficaz para transmitir y educar en valores auténticamente humanos y cristianos.
  • Ser «célula primera y vital de la sociedad». Por su naturaleza y vocación la familia debe ser promotora del desarrollo, protagonista de una auténtica política familiar.
  • Ser «Iglesia doméstica» que acoge, vive, celebra y anuncia la Palabra de Dios, es santuario donde se edifica la santidad y desde donde la iglesia y el mundo pueden ser santificados.

 

Dios es el mismo Señor de la vida. La vida es don suyo. El hombre no es, ni puede ser árbitro o dueño de la vida. El hijo debe ser responsablemente acogido en la familia como don preciosísimo e irrepetible de Dios. El niño, concebido, no nacido, es el ser más pobre, vulnerable e indefenso que hay que defender y tutelar.

 

"La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla. El Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia”.

 

  • "Fueron apresuradamente y hallaron a María, a José y al recién nacido acostado en la pesebrera" (Lucas 2, 16).
  • "Hijo, respeta la orden de tu padre, y no rechaces la enseñanza de tu madre" (Proverbios 6, 10). 

La Formación.

 

La formación de la persona es integral y compromete su desarrollo intelectual, sicomotor, socio-afectivo, artístico, político, cultural, espiritual y religioso. La Casa del Joven, es consciente que la persona humana es un ser en permanente formación con capacidad de asimilar, asumir y transformar su propio ser y el entorno; por esto genera un clima propicio para que todos los integrantes del Programa, cada día sean más humanos, conocedores del medio, transformadores de la realidad, constructores de la historia, solidarios con los demás, comprometidos con los principios evangélicos y forjadores de una fe madura que se hace obra en las acciones de justicia.

 

Formarse es potenciar las cualidades y habilidades, es compartir con los demás y adquirir responsabilidades sociales, es superar las dificultades y proponer correctivos, es tener competencias y dominios que permitan crecer en el interior para manejar lo exterior, es hacer posible el crecimiento personal y social, es alcanzar autonomía. Toda experiencia humana es una experiencia formativa. Formar es humanizar y humanizar es formar.

 

Hay una etapa de la vida humana donde de manera especial hay que hacer énfasis en la formación, esta es la infancia y la adolescencia. Para favorecer este período de crecimiento es necesario propiciar ambientes de armonía, trabajo, normas y estudio, que faciliten el desarrollo de la persona, y evitar todos aquellos aspectos que lo obstaculicen o deformen, denigrando de la persona.

 

  • "El adolescente tiene derecho a la protección y a la formación integral".
  • "Que gobierne bien su propia casa y mantenga orientados a sus hijos con toda dignida”; (I Timoteo 3, 4).
  • "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor" (Efesios 6,4).